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Biografia Autores Lujanenses

Fray Pedro Nolasco de Santa María

La individualización de este personaje se la debemos al doctor Raúl A. Molina. Por tratarse del primer declarante de la historia del origen y culto de Nuestra Señora de Luján, vale la pena que nos detengamos en conocer su genealogía, que confirmará los datos familiares que él mismo trascribe y que fundamentan la veracidad de su narración.

Santa María comienza así su relación: “Certifico haber oído al difunto mi padre, a mi bisabuela, y a otras personas del pago (que individualmente no me acuerdo), que en aquel tiempo que el Reino de Portugal y el de Castilla se gobernaban por una corona; y en cuyo tiempo nació dicho mi padre…”, continuando inmediatamente con el relato del milagro.

Y cierra la información con la siguiente declaración: “Certifico ser de edad de setenta y un años”[1].

Con estos escasos datos de nombre y edad, pudo el doctor Molina llegar a individualizar exactamente a Santa María. “Fue una tarea singularmente penosa”, escribe dicho doctor[2]. Por el nombre: Pedro, y la edad: setenta y un años, vino a dar con una partida de bautismo de un tal Pedro Arruz y Aguilera[3], y halló que ese dicho Pedro tuvo viva a su bisabuela hasta los nueve años, y por supuesto, su padre.

En cuanto al nombre y apellido de Nolasco de Santa María responde a elección propia, como ocurre en muchas de las antiguas órdenes regulares, y así se llaman sus religiosos: de la Anunciación, de la Santa Cruz, de la Concepción, etcétera. Nada más natural que un mercedario eligiera el nombre de Nolasco de Santa María, tan afecto a la orden[4].

Sus padres se llamaban Pascual de Arruz y María de Aguilera; Pascual, el padre, fallecía en los primeros días de noviembre de 1705[5]. Su madre era hija de Agustín del Corro y Aguilera, y de María Luque y Morán, y fueron padres de esta última Cristóbal de Luque y Jinebra Perez Morán. Ésta –bisabuela, en consecuencia, de Pedro Nolasco– testaba en 1675 y fallecía, a mediados de marzo del mismo año; esto es, cuando su bisnieto tenía unos nueve años[6].

Queda probado, por tanto, que Pedro Nolasco de Santa María nació en 1666, y que tanto su padre, Pascual de Arruz, y su bisabuela, Jinebra Pérez Morán, vivieron lo suficiente como para contar a Pedro Nolasco de Santa María aquel milagro de la Virgen de Luján, que tanto conmoviera al Buenos Aires de la época.

Pedro Nolasco de Santa María debió entrar muy joven en la Orden Mercedaria, pues ya en 1692 lo vemos figurar en cargos de responsabilidad, como de secretario del padre provincial fray Juan Cano Aragón[7].

En 1695 lo hallamos de comendador del convento de Buenos Aires, y luego, de procurador del mismo. Es en este tiempo cuando figura su nombre en escrituras de terrenos que los mercedarios tenían en Luján[8].

Según información que da el padre Jorge María Salvaire, estuvo de capellán interino en la capilla de Nuestra Señora de Luján, al pasar su titular, doctor Bernardino Verdún de Villaysán, al curato de la santa iglesia catedral de Buenos Aires[9]; y sabemos ciertamente por el mismo Santa María que igualmente ejerció dicho puesto de capellán interino durante la capellanía del doctor Francisco Rendón y que en ese su tiempo de capellán acaecieron varios milagros, de los cuales informa al Tribunal Eclesiástico[10].

Estuvo también de capellán en la estancia de don Diego de Santana, vecino del pago de los Arrecifes y persona muy devota de la Virgen de Luján[11].

En la Tabla de oficios de la Orden Mercedaria figura por última vez en 1746; no así ya en la Tabla del Capítulo Provincial de 1753, lo que indicaría su fallecimiento[12].

Cerramos esta breve biografía del fraile mercedario con las mismas palabras con que el secretario del Tribunal Eclesiástico en 1737 cerraba la declaración de dicho testigo. En su cortedad, es un gran elogio. Así escribe: “Hasta aquí es relación del reverendo padre fray Pedro Nolasco de Santa María, de la Orden de Nuestra Señora de Mercedes, persona de autoridad y maestro en su Orden”[13].

Fray Antonio Oliver, O.F.M.

Fray Antonio Oliver era español, nacido en Palma de Mallorca en 1711[14]. A los 16 años, en 1727, vistió allí el hábito de la Orden Franciscana. Siendo aún muy joven sobresalió en el estudio de la filosofía y de la teología, y fue nombrado maestro en ambas disciplinas.

Fue un hombre muy culto, dedicado al estudio y conocedor de las lenguas antiguas (latín, griego, hebreo y árabe), gramático, traductor de los autores clásicos latinos, autor de obras de teología moral y espiritual, cronista de su orden. Padeciendo una grave enfermedad hizo voto de ofrecerse a las misiones si recobraba la salud y fue prodigiosamente curado. Obtuvo el título de misionero apostólico, deseando pasar el resto de su vida dedicado al trabajo por la conversión de los infieles. Partió entonces para el Perú en el año 1751, y su primer destino fue el célebre convento misionero de Santa Rosa de Ocopa. En 1755 llegó a Tarija, con la misión de reedificar el convento, que llegaría luego a ser Colegio de Propaganda Fide. Allí fray Antonio fue Guardián en dos períodos distintos.

Alrededor de 1770 llega a su último destino, Buenos Aires, donde vivirá hasta su muerte, acaecida el 31 de mayo de 1787. En la ciudad porteña fray Antonio escribió numerosos libros de religión, de teología, de espiritualidad, pero la mayoría de su obra no vio la luz de la imprenta. Fue visitador de la tercera orden y capellán del convento de hermanas capuchinas de Nuestra Señora del Pilar, para quienes compuso varios escritos, entre los que se cuentan un Catecismo místico para instrucción de las religiosas y un Comento de la Regla de Santa Clara. En estos años en Buenos Aires creció su fama de varón sabio y santo.

P. José Felipe Maqueda

Nació Felipe José Maqueda el 22 de agosto de 1740, hijo legítimo de don Bernabé José Maqueda y de doña María Josefa Vejarano, y fue bautizado por su tío, el doctor Carlos José Vejarano, en la santa iglesia catedral de Buenos Aires, cuatro días después[15].

Su padre era natural de los reinos de España, y tenía en la ciudad una pulpería que le debía de rendir bien, pues por los censos oficiales de los años 1738 y 1744 sabemos que tenía varias casas alquiladas. Tuvo cinco hijos[16]. La mayor de ellos se llamaba María Justina; “mujer de alta virtud –nos dice Salvaire– y la primera maestra de don Bernardino Rivadavia; de ella aprendió dicho prócer las primeras letras y los rudimentos de la Santa Religión, y en compañía de esa virtuosa dama permaneció largas temporadas, en los primeros años de su vida, a la sombra del santuario y en las mismas viviendas del capellán de la Virgen”[17].

Del segundo hijo: Andrés, sabemos que fue fraile dominicano[18]. Del tercero: Domingo, sabemos que por varios años estuvo alistado en el regimiento de caballería de milicias del presidio de la capital, y que más adelante ocupó diversos cargos en el Cabildo de la Villa de Luján[19].

Felipe José era el cuarto de los hijos, y Gabriel José, el quinto y último. Abrazaron los dos el estado eclesiástico, y pasaron toda su vida sacerdotal a la sombra del santuario[20].

Es muy probable que, a la muerte de su esposo, su mujer viuda, doña María Josefa Vejarano, se trasladase con sus hijos a Luján, y allí vivió en una casa al lado del santuario, hasta el fin de sus días[21].

Toda la familia debió de tener una especial devoción a San José, pues así lo da a entender lo mucho que figura tal nombre en la familia.

El doctor Carlos José Vejarano fallecía el 16 de mayo de 1775, en Luján, nombrando albaceas de sus bienes a don Juan de Lezica y al maestro don Gabriel José Maqueda, su sobrino, y era sepultado en el presbiterio del santuario, escribiendo y firmando la partida de defunción, como teniente de cura, su sobrino Felipe José Maqueda[22].

Dicho Felipe fue siempre teniente cura de la parroquia; pero muchas veces también suplió a su hermano Gabriel en la capellanía de la Virgen[23].

Para mayor abundancia de datos, diremos que un tiempo lo vemos figurar al presbítero Felipe José Maqueda como mayordomo y tesorero de la Hermandad del Santísimo Rosario de dicha Villa de Luján[24].

En 1812 pasa a Buenos Aires para imprimir y publicar su libro sobre la Historia de la Virgen de Luján, y allí fallece el 20 de setiembre de 1815[25].

P. Jorge María Salvaire

Su autor nació en Castres (Francia) en 1847 y fue ordenado sacerdote en París en 1871. Ese mismo año llegaba como misionero a la Argentina y visitaba por primera vez el santuario de Luján (era entonces el templo edificado por Lezica y Torrezuri), quedando prendado de la Imagen de Nuestra Señora. Fue un gran misionero, y en dos períodos distintos misionó en tierras de indios. En una de estas ocasiones, en 1875, fue salvado milagrosamente de una muerte segura a manos de los indios por intercesión de la Virgen de Luján. Dedicado completamente a la difusión de la devoción a Nuestra Señora de Luján, emprendió la redacción de su historia y viajó a Roma para obtener del Papa León XIII la coronación pontificia de la Sagrada Imagen (ocurrida por manos del arzobispo de Buenos Aires Mons. Aneiros el 8 de mayo de 1887), para lo cual había hecho cincelar en París una rica corona que el Papa bendijo. Proyectó con magnanimidad y comenzó la construcción del grandioso templo actual, cuya piedra fundamental fue bendecida el 15 de mayo de 1887.

Además de esta Historia de Nuestra Señora de Luján, el P. Salvaire escribió otras obras para los devotos y peregrinos y fundó La Perla del Plata, revista del santuario. Animado de gran celo apostólico, en Luján realizó una grandiosa obra pastoral como capellán y rector del santuario. Fundó el Hospital de Nuestra Señora de Luján, el Círculo de Obreros Católicos, el Colegio Nuestra Señora de Luján, el Descanso del Peregrino, la Conferencia de Damas de San Vicente, creó numerosas asociaciones parroquiales. Murió el 4 de febrero de 1899 con solo 52 años de edad. Está enterrado en el transepto derecho de la basílica de Luján. Su causa de canonización está en curso[26].

Respecto a la motivación de su obra, cuando el P. Salvaire fue salvado milagrosamente de la muerte por intercesión de Nuestra Señora, hizo el voto de hacer conocer y difundir la devoción a la Inmaculada de Luján. Lo dice él mismo en la Dedicatoria de su colosal obra: “Dulce Madre mía, yo mismo experimenté de un modo indecible las maravillosas influencias de vuestra tierna protección, de vuestro poder y bondad sin límites. Quédese yerta y sin movimiento esta mano derecha, trábese mi lengua, si jamás en mi vida llegara mi corazón a olvidarse de vuestra portentosa mediación en mi favor y de la promesa que en lance tan apremiante os hice, de consagrar todas mis facultades a haceros conocer, como merecéis, de no perdonar medios para alabaros y encomiar vuestro poder y maternal ternura, y de esparcir, en cuanto me fuere posible, hasta los últimos confines de esta República, vuestra hermosa y simpática leyenda. Este libro, amable Protectora, es el cumplimiento de mi inolvidable promesa”[27].

Salvaire se propuso fundamentar su relato en documentos históricos, para lo cual tuvo que trabajar afanosamente investigando en “todos los archivos de la época colonial”, como él mismo relata: “Así dispuesto, me dediqué animosamente al estudio de todo lo que pudiera relacionarse con la historia del santuario y de la Villa de Nuestra Señora de Luján, consultando, como lo dije ya, todos los archivos de la época colonial, porque estaba plenamente persuadido que si, como lo decía Carlos XII, la historia debe ser un testigo y no un adulador, solamente en los documentos originales depositados en los archivos descubriría, juntamente con la verdad, aquel colorido que revela una época y manifiesta una edad, mejor todavía que la más perfecta narración o descripción”[28].

Mons. Juan Antonio Presas

Mons. Presas nació en La Plata, Argentina, en 1912, y era hijo de inmigrantes españoles. De niño se trasladó a España con su familia. Cursados los estudios eclesiásticos en la Universidad Pontificia de Comillas, fue ordenado sacerdote el 25 de julio de 1938 en España, pero luego desarrolló todo su ministerio sacerdotal en Argentina, en La Plata y sobre todo en Morón. Fue un gran historiador tanto de Morón, principalmente de sus advocaciones marianas, como y sobre todo, de Nuestra Señora de Luján, a la que dedicó sus mejores esfuerzos. Fue discípulo y amigo del Dr. Raúl Alejandro Molina, de quien aprendió en parte el rigor del método histórico. Y fue un enamorado de Nuestra Señora de Luján. Su obra es tal que ha sido reconocido como el máximo historiador lujanense por historiadores muy acreditados[29].

Sobre María de Luján, en efecto, su obra es vastísima, entre libros y opúsculos: Nuestra Señora de Luján. Estudio crítico-histórico sobre el lugar y fecha del milagro y traspaso de la Santa Imagen (1973), Nuestra Señora de Luján y Sumampa. Estudio crítico-histórico 1630-1730 (1974), ampliado después para una nueva edición en 1980 (que es la que presentamos aquí), Nuestra Señora de Luján. La estancia del milagro (1977), Luján ante la ciencia y la fe (1978), Ir a Luján es un deber (1979), Nuestra Señora de Luján en el arte (1981), Luján. La ciudad mariana del país (1982), Historia de Nuestra Señora de Luján (4 ediciones: 1984, 1988, 1991 y 1995), Jorge María Salvaire. El apóstol de la Virgen de Luján (1990), Historial del Luján-Mariano 1630-1992 (1993), Anales de Nuestra Señora de Luján (4 ediciones: 1982, 1987, 1993 y 2002), Doña Ana de Matos. La dama que con la Virgen fundó a Luján (5 ediciones: mayo 1990, octubre 1990, 1991, 1997 y 2004), El negro Manuel (4 ediciones: 1985, 1989, 1991 y 1997), Nuestra Señora de Luján, Madre del Pueblo Argentino (1997), El milagro de Luján – año 1630 (dos ediciones: 1977 y 2003), Luján y la Santa Trinidad. Estudio histórico-teologal (2001), El Luján Mariano (2002), La estancia del milagro (4 ediciones: 1977, 1980, 1994 y 2003), El Milagro de Luján (1997), Luján: El milagro y su vivencia (2 ediciones: 2000 y 2003), Santa María de Luján. Su capitalidad (2003).

Mons. Presas murió el 29 de abril de 2005 y está enterrado en Morón, en la ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje, de la cual fue también historiador.

Dr. Raúl Alejandro Molina

Nació en Buenos Aires, el 5 de mayo de 1897. Hijo legítimo de Víctor Manuel Molina –ex ministro de Hacienda de la presidencia del doctor Marcelo Torcuato de Alvear– y de Genoveva Seija Machado Peñaloza. Cursó sus estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de su ciudad natal, donde se graduó de abogado en 1922. Casó con Emilia Franchini Dominoni. Tuvo dos hijos.

Fue abogado de la provincia de Mendoza ante la Suprema Corte de la Nación y abogado de las Cajas Nacionales de Jubilaciones. Luego, profesor titular de Historia Argentina, en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Mereció el Premio Nacional de Historia, por su libro Hernandarias, el hijo de la tierra[30].

Fue miembro de número de la Academia Nacional de la Historia, a la que ingresó en 1949, con una conferencia sobre “Juan de Vergara, señor de vidas y haciendas en el Buenos Aires del siglo XVII”[31]. También fue miembro de varias instituciones, y presidente del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas desde 1963 y perteneció, igualmente, a la Junta de Historia Eclesiástica Argentina. Recibió un sinfín de distinciones de los distintos órganos académicos del Uruguay, Chile, Bolivia, Colombia, Perú y España.

Director de la revista Historia, que lleva publicados cincuenta volúmenes, y de la revista de Ciencias Genealógicas, presidió numerosas comisiones honorarias de historia, con motivo de celebraciones a hombres de nuestro suelo. Y en junio de 1963 fue comisionado por el gobierno al Brasil, para reunir antecedentes documentales de la diplomacia con Portugal, durante la Revolución de Mayo.

A pedido de la Junta de Historia de la provincia de Santiago del Estero, fue encargado con el padre Guillermo Furlong para que dictaminaran sobre la fecha de fundación de la ciudad de Santiago del Estero[32]; y en el debate sobre el lugar histórico de la antigua ciudad de Santa Fe, fundada por Juan de Garay, a propuesta del doctor Agustín Zapata Gollán, director del Museo Etnográfico Colonial de Santa Fe, la Academia Nacional de la Historia le confió, junto con el padre Furlong, su dictamen, que despertó amplio interés. Un nuevo dictamen sobre las ruinas de Cayastá, que hizo también en compañía del padre Guillermo Furlong, finiquitó la célebre polémica sobre la vieja Santa Fe, que aceptó por unanimidad la Academia Nacional de la Historia[33].

En su actuación académica merece destacarse la versión paleográfica que realizó de la real cédula de los Reyes Católicos de 20 de junio de 1500, por la cual se ordenaba la devolución de los indios al Nuevo Mundo, rechazando para siempre todo propósito de esclavitud de la nueva raza[34]. Por su obra hispánica, obtuvo beca especial acordada por el Gobierno de España, y por un año recorrió los archivos españoles oficiales y privados de esa gran nación. Visitó también a Morón de la Frontera, y de ahí, sin duda, la estima por el Morón de la provincia de Buenos Aires. Llevó la representación de nuestro país en distintos congresos y asambleas de carácter histórico, en varias naciones americanas, y en todas partes llamaron la atención la vastedad de su ciencia y la fuerza de su testimonio.

En 1963, el Consejo de Investigaciones Científicas le otorgó, por sus relevantes méritos, una beca especial para realizar un trabajo sobre historia del comercio marítimo durante la época hispánica, a base de una auténtica y minuciosa interpretación de la navegación realizada en el Río de la Plata[35].

Sus artículos y trabajos sobre historia suman centenares y podrían multiplicarse muchísimo más, gracias a un Diccionario biográfico de Buenos Aires, obra manuscrita, verdadera obra de titán que le exigió años y años de trabajo en las salas del Archivo General de la Nación y en el de la Curia Eclesiástica de Buenos Aires. Quiera el cielo que esta obra salga a luz; lo cierto es que, aún no publicada, es buscada y estudiada por cuantos amantes y curiosos existen en nuestra Patria, y que desean conocer a los pobladores de este Buenos Aires y su campaña en los siglos XVI y XVII.

Con respecto a sus cualidades morales, diremos que fue todo un señor, abierto a la amistad y al diálogo y generoso para abrir sus tesoros de ciencia y saber a cuantos acudieron a solicitarlos. Por esta razón fue un verdadero maestro y lo amaron un día sus alumnos, y por esta razón lo quisimos también nosotros.

A fines de agosto de 1973, el doctor Molina entregaba su alma a Dios. En su última hora fue confortado con los auxilios espirituales de la Santa Madre Iglesia; y en aquel instante supremo ratificó la anécdota que ya nosotros conocíamos y que aquí trascribimos, como final de esta biografía y como un milagro de Nuestra Señora[36].

“Por los años de 1960 –habla el doctor Molina– enfermé gravemente y en esa ocasión un religioso dominico amigo mío vino a visitarme. En la charla lamenté mi mal y dije al religioso que sentiría morir, pues me hallaba empeñado en un trabajo sobre la Virgen de Luján, y quisiera terminarlo. El padre me respondió: «No tenga miedo, siga adelante. La Virgen le dará vida para que concluya felizmente su trabajo»”[37].

Y así fue en realidad. En 1967, el doctor Molina daba a publicidad su brillante conferencia sobre Nuestra Señora de Luján. La profecía se había cumplido. Pero la Virgen bondadosa le alargó la vida años más, para que comprobara que su obra daba frutos y que tenía discípulos que seguían sus huellas y que su nombre quedaba desde entonces ligado a los anales de la Virgen Lujanense[38].

[1] ABL.

[2]Molina, Historia, pág. 155.

[3] APM., B. III, 90.

[4]Molina, Historia, pág. 155.

[5] APM., Libro de Colecturía 3-4, folio 108. Otro dato de su fallecimiento en fecha aproximada al año indicado lo tenemos en AGN., Registro 2, 271, año de 1708.

[6] APM., Libro de Colecturía 3-4, folio 156. También en Molina, Historia, pág. 156.

[7] Los Mercedarios en la Argentina, por frayEudoxio de J. Palacio, mercedario, Buenos Aires, 1971.

[8]Los Mercedarios en la Argentina, págs. 89, 487 y 488. AGN., tomo 60, pág. 329; IX, 48-8-7.

[9]Salvaire, Historia, tomo 2, Apéndice Vc.

[10] ABL. El lector podrá verlo también en nuestra Parte Documental.

[11] ABL. Igualmente, en nuestra Parte Documental.

[12]Estudios Históricos, por fray Bernardino Toledo, mercedario, tomo II, págs. 339 y sig., Córdoba, 1920.

[13] La relación de Santa María la damos íntegra en su respectivo lugar. Agreguemos aquí que hemos hallado un documento que nos da también la edad del fraile mercedario, en AGN., IX, 4-8-5, tomo 58, pág. 9. Declara en 7 de enero de 1699 tener treinta y cuatro años. Dicho religioso alcanzó una larga ancianidad.

[14] Tomamos las noticias biográficas acerca de fray Antonio Oliver de M. A. Poli, “La Virgen de Luján y su cronista franciscano Fray Antonio Oliver Feliu o. f. m. (Palma de Mallorca 1711-Buenos Aires 1787)”, Bolletí de la SocietatArqueològicaLul.liana: Revista d’estudishistòrics 64 (2008) págs. 289-308; publicado también en Nuevo mundo 8 (2007) págs. 81-106.

[15] DA. 1740.

[16] DA. 1738-1744.

[17]Salvaire, Historia, tomo 2, cap. 27, V.

[18]Ensayo histórico sobre la Orden Dominica en la Argentina, Actas capitulares (1724-1824), por fray Jacinto Carrasco O. P., Buenos Aires, 1924, págs. 270 y 345. Falleció en el convento de Córdoba como predicador general, antes de 1783 (pág. 434 de la obra citada). También lo vemos figurar en algunas circunstancias en el santuario de Luján (APL., B. I, folio 478), en el año de 1769. Las actas capitulares hacen de él el más alto elogio, como buen observante y predicador.

[19] APM., B. IX, folio 288. Nació en 1735, y falleció en Luján (APL., D. II, folio 12, año de 1818).

[20] DA. 1740-1742. Acta matrimonial de sus padres en DA. 1729. A los dos hermanos clérigos se los ve figurar enseguida de su ordenación en el santuario de Luján.

[21]Pago, villa y ciudad de Luján, por Martín Dorronzoro, Luján, 1950, págs. 36 y sig.

[22] DP. 1775. Dice Salvaire en su Historia, tomo 1, cap. 15, XXII, que el doctor Vejarano dejó sus bienes a la Santa Virgen, su hermana y sobrinos.

[23] Basta recorrer los libros parroquiales de esos años en que ellos actúan en Luján.

[24] ABL., Libro de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario. Figura en el cargo de mayordomo Felipe Maqueda, el año de 1792.

[25]Salvaire, Historia, tomo 1, cap. 20, VI. Debemos advertir aquí que Salvaire da noticia de algunos personajes que nosotros no podemos constatar, porque los documentos originales que él tuviera en sus manos, hoy están perdidos. Pero la palabra de Salvaire hace fe a falta de pruebas documentales, pues todo entendido sabe valorar la honestidad y espíritu crítico de Salvaire.

[26] Sobre el P. Salvaire se vea J. M. Presas, Nuestra Señora de Luján. Estudio crítico-histórico 1630-1730, Primera Parte, Escritores, volumen 3 de esta colección. También del mismo autor Jorge María Salvaire. El apóstol de la Virgen de Luján, Morón 1990. Mons. Presas dice que la mejor biografía de Salvaire, hasta ese momento, es la de F. C. Echevarría de Lobato Mulle, El P. Salvaire y la Basílica de Luján, Luján 1959. Más recientemente ha sido publicada la monumental obra de Mons. Juan Guillermo Durán en varios volúmenes: El Padre Jorge María Salvaire y la Familia Lazos de Villa Nueva. Un episodio de cautivos en Leubucó y Salinas Grandes. En los orígenes de la Basílica de Luján (1866-1875), Buenos Aires 1999; En los Toldos de Catriel y Railel. Obra misionera del Padre Jorge María Salvaire en Azul y Bragado (1874-1876), Buenos Aires 2002; De la frontera a la Villa de Luján: el gran Capellán de la Virgen Jorge MaríaSalvaire (1876-1889), Buenos Aires 2008; De la frontera a la Villa de Luján. Los comienzos de la gran Basílica, Buenos Aires 2008; Jorge María Salvaire, C. M., Gran apóstol de la Virgen de Luján, “Cual otro Negro Manuel”, Buenos Aires 2016.

[27]Historia de Nuestra Señora de Luján, tomo 1, pág. 11. Hace mención también en el Prólogo.

[28]Prólogo, pág. 88.

[29] Así, por ej. Cayetano Bruno en la Presentación de la obra de Presas Nuestra Señora de Luján. La estancia del milagro. Estudio crítico-histórico, Buenos Aires 1977, pág. 10.

[30] Publicado en Buenos Aires el año 1948.

[31]Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, Nro. 24, año 1950, págs. 48 y sigs.

[32]Boletín de la Academia Nacional, Nro. 26, año 1952.

[33]Boletín de la Academia Nacional, Nro. 26, año 1952.

[34]Boletín de la Academia Nacional, Nro. 25, págs. 367 y sigs.

[35]Las primeras experiencias comerciales del Plata. El comercio marítimo(1580-1700), impreso en los Talleres Gráficos Dorrego, Buenos Aires, 1966.

[36]La Perla del Plata, Luján, marzo de 1974.

[37] Esa anécdota fue conocida por muchos y también por nosotros antes que se cumpliese la profecía; por lo tanto, no caben dudas de su autenticidad.

[38]Historiadores argentinos y americanos, por Vicente Osvaldo Cutolo, Buenos Aires, año 1966; Bibliografía y títulos del doctor Raúl A. Molina, año 1963.